¿Has pensado alguna vez que somos un Universo andante?

Mari Carmen Piñero

domingo 20 marzo 2022

Todos los días de nuestra vida y a todas horas, sin ser conscientes de ello, dentro de nosotros mismos se libran increíbles batallas para mantenernos con vida.

            Esto me lleva a preguntarme: ¿hay diferencia entre lo que sucede en nuestro interior y lo que ocurre en el exterior? Creo que no, el patrón es el mismo para todos los seres vivos, luchar por la supervivencia.

            De alguna forma, la guerra siempre ha estado presente en nuestras vidas. Ahora es mucho más visible para millones de personas que, en tiempo real, tenemos información de todos los conflictos latentes que existen en nuestro pequeño planeta. La verdad es que, mirándolo así, no es muy alentador saber que la supervivencia causa tanto sufrimiento.

            Detrás de un bello paisaje también existe el drama de animales y plantas que, sin tregua, combaten para poder sobrevivir y ni siquiera nos percatamos de ello. Sencillamente, observamos con felicidad la belleza de la naturaleza.

            Quizás, para protegernos, nuestra mente nos hace olvidar el sufrimiento, evitando de esta forma que nos quedemos estancados en situaciones dolorosas. De ahí que el hombre tropiece dos veces en la misma piedra. Por esa razón, siempre tenemos que hacer un gran esfuerzo para recordar y no volver a repetir los errores del pasado.

            Afortunadamente, ante tanta desolación, «la esperanza y la empatía» viven en casi todos los corazones y, por algún motivo, han hecho que las personas seamos conscientes del bienestar y la mejora que aportan a nuestras vidas cuando ayudamos a los demás. Esta es la parte buena de nuestra existencia. La incomprensión, la intolerancia, el abuso… tienen antídotos muy potentes (amor, solidaridad, compasión, entendimiento…) que son capaces de pacificar muchos conflictos. Y no lo afirmo con un matiz empalagoso, sino como una realidad que todos llevamos dentro, permitiéndonos crear convivencias pacíficas.

            Posiblemente, este sea el verdadero sentido de la vida. En realidad, hemos mejorado como seres pensantes. Si analizamos cómo vivían en la antigüedad, comprenderemos que había mucha más violencia y falta de entendimiento que en la actualidad. Esto nos consuela un poco, pero es insuficiente, todavía hay mucha gente que sufre. Aún nos queda mucho camino por recorrer.

            Debemos mantener «la esperanza» de que un mundo mejor es posible. La llevamos en nuestro equipaje y, por ello, hay millones de personas concienciadas que trabajan incansablemente por la paz y el entendimiento.

Gracias a todas ellas.

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